Soy mamá y este es mi crack

maxi

Primera foto de Max sonriendo a sus 2 meses.

[Esta entrada, lo escribí hace mucho pero apenas me di a la tarea de publicarlo, es lo que pasa cuando eres mamá, se te va la hebra].

Es el segundo mes de tu bebé. Subiste su foto a Instagram con un filtro Hefe y el título “mi bodoquito cumple 2 meses”. Te dan 54 likes en un día. Te das cuenta que en dos meses has subido un chingo de fotos de Max pero ninguna de ti con él. Y la neta es porque te sientes fea. No has bajado nada de peso desde que nació; a veces te preguntas si durante la cesárea el doc no te habrá metido unos kilos de bistecs en el vientre mientras sacaban a tu ente. Porque eso es cuando nace, un pequeño ente en forma de viejito bonsái que parece haberse quedado en un viaje de ácido y no hace nada más que no hace nada más que comer, dormir, llorar.

Nada te queda. Eventualmente, deja de importarte lo que te pones, al fin todavía no sales mucho a la calle y como buena vaca lechera tu becerro hace muuuuu y ya andas con la chichi de fuera y como hace muuu más que un campanario de catedral decides que ya andas topless. Ya el vecino, el del mantenimiento y el cartero te han visto las chichis y ya ni se emocionan.

Y lo peor, son las ojeras. Las putas ojeras, porque no has dormido en 2 meses. El primer mes no te importaba porque vivías en el rush de la aventura de haber creado una nueva vida. No tenías ningún problema en levantarte cada media hora para adivinar qué es lo que tu ente tiene. Pero como cualquier droga, después de cierto tiempo el rush empieza a disiparse y lo que parece la peor cruda de tu vida empieza. Te vuelves tarada: dejas las llaves del coche en el refrigerador, no recuerdas donde dejaste tu celular (desde hace 5 días y 47 llamadas perdidas) y cuando te piden para algún trámite tu fecha de nacimiento, no te acuerdas.. ¡De quién fue la gran idea de reproducirse! Ya nada más te queda fantasear en aquellos días cuando podías ser libre o dormir hasta las 11 de la mañana o salir de fiesta y empedar… salir de fiesta… ¿te imaginas? Había una época en la vida cuando no dormías… ¡POR GUSTO!

Y de repente te das cuenta que te quedaste súper jetona en una posición que ni el yogi más yogi de Nueva Delhi hubiera podido alcanzar, algo así como un saludo del  perro amaneciente invertido y de la nada tu ente se acaba de despertar y esta demandando de tu atención. Así qué te levantas de tu cama y te acercas al moisés para ver que es lo su Excelencia el Lord Ente solicita, y cuando te asomas te das cuenta que el ente, por primera vez en su vida está sonriendo. Y ahí tu le sonríes de regreso y todo tu piel se derrite y tu corazón se orgasmea— Sí. Usé la palabra orgasmo. Pero es un orgasmo no sexual, un placer que nada puede describir. Y a partir de ese momento, todo lo que cuestionaste se olvida en dos segundos. Tu ente deja de ser ente y se convierte en tu bebito. Ahora todo tiene sentido y esas sonrisas (que a veces son más gas que sonrisas), créanme son más seguidas conforme pasa el tiempo y son tu nueva motivación, tu nuevo crack, lo que ayudará a que no sientas más el cansancio. Mentira, el cansancio no acaba, pero créanme son lo que te hacen sentirte feliz de ser mamá y tal vez, la próxima vez, sí suba una foto de mi Maxito y yo en Instagram… y más les vale que le pongan Like.


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