Wax On. Wax Off. Wax nunca más.

bikini wax

Cuando estaba embarazada el tamaño masivo de mi panza, no me permitía ver qué es lo que estaba pasando aquí abajo (ya se que no pueden ver mi dedo, pero estoy apuntando a mi zona pélvica). Era como si esta área de mi cuerpo se hubiera revelado, cortado todas la vía de comunicación con el mundo exterior y hubiera establecido su propio régimen gobernado por el nuevo pueblo conquistador denominado … pelo.

Así es, desde los 15 años he hecho muchas cosas para ponerme chula y poder ligar, incluyendo aniquilar cualquier rastro de bello corporal. Pero la verdad, hoy ya después de 10 años de relación y 1 hijo, a veces me da un poco de flojera todo ese mantenimiento y ¡pum! regresa como musgo en temporada de lluvias. Y es que la verdad, entre la chamba, el hijo, el marido, la casa y todas las cosas que hay, pues la neta me di un poco al traste. Sé que no es pretexto.

Llegué a un punto muy bajo, cuando mi bebé  me vió salir de la la regadera desnuda y lo primero que hizo fue apuntar a mi área púbica y gritar “Wuf! Wuf!”. Debí de haberme dado cuenta que en el momento que mi hijo cree que hay un French Poodle durmiendo en mi vagina, algo estaba mal. Pero aún así no hice nada al respecto.

Pero voy a ser súper honesta, este fin de semana me voy a de viaje a la playa con varios amigos. Es un viaje que tenemos planeado desde más de 3 meses y desgraciadamente, todos mis amigas que van tienen menos de 30 años y ninguna tiene hijos, por lo que todavía manejan un cuerpo libre de chichis que parecen globos desinflados (de los que los payasos usan para hacer animalitos) y pueden ponerse bikini y ombligueras sin sentirse ni tantito preocupadas.

Así que me puse a dieta, empecé a jugar tenis y aunque no he recobrado mi cuerpo pre-Max, ya me siento un poquito más segura de mi cuerpo. Ahora a un día de salir a la playa sólo quedaba el último paso: la temida depilación con cera.

Sólo he ido dos veces en mi vida, y quisiera nunca más tener que regresar, pero son 5 días en la playa y con lo “frondosa” que me he puesto por las hormonas de mamá, el rastrillo ya no es opción.

Así que ni modo, con cita hecha llego a uno de esos spas de centro comercial. Me llevan a un cuartito, me acuestan en una camilla, me piden que me acueste y que me quite los calzones (así al chile, in ni siquiera un vinito para aflojar).

La chica que me atiende, me tiene vulnerable en una camilla y empieza a preparar la cera, mientras que me empieza a hacer plática sobre el repunte de la Influenza. El small talk más PINCHE incómodo. Por que cuando tienes el peluche de fuera, sinceramente no tienes ganas de platicar de enfermedades, o en su caso de absolutamente nada. En fin, se acerca a asesorar mi situación púbica y le grita a una compañera que iba a requerir de asistencia. Así de grave estaba la situación.

Llega su compañera y me empiezan a poner cera de un lado. Me dice la chava que me relaje, y así no va a doler. Yo, que ya he hecho esto dos veces antes, tengo más pánica que cuando iba a parir. Además del dolor siempre he tenido miedo de que cuando arranquen la cera se lleven alguna parte importante por ahí, no se… algo así como mi vulva.

En fin la cera ya está puesta del lado derecho y ya no hay marcha atrás. Ahora sí. Toma aire. 1, 2, 3 y ¡pum! ¡Arrancan (literalmente)!

¡DOLOR! Mi cuerpo se hace bolita como cochinilla en un solo segundo y empiezo a ver estrellitas, se me baja la presión y me empieza a salir una lagrima estilo Marley y yo.

¡Ya! ¡No más! ¡Me vale! Esto definitivamente es peor que una tortura medieval. Y completamente inncesario. Ya no necesito ligar. Tengo un hombre que me quiere y que ya me hizo un hijo. Ya no más. Soy una collona y me vale. Me largo. Las chicas me dicen que no me puedo ir con sólo un lado depilado. Y la verdad sí se ve muy mal, parece la frontera Tijuana – San Diego, pero no hay manera alguna que me vuelva a someter a ese dolar. ¿Cómo pude haber olvidado este dolor si ya lo había hecho dos veces antes?

Ahora estoy empacando los últimos detalles de mi viaje. Obviamente tengo contemplado llevarme a mi buen amigo el rastrillo para llegando a la playa darle mate, a la población de la zona oeste que sobrevivió la masacre del 2016, pero mientras que cierro mi maleta lo único que pueda pensar es que mi vagina el día de hoy trae peinado de Benito Juárez, con raya de lado.

 

 


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