#LordLegos y el Señor de la Basura

Hace unos meses, le “presté” a Max mi colección de Legos. Así es, yo de niña era super fan de los Legos y tenía un billón de ellos. Cuando me fui a la universidad, decidí embodegarlos para cuando tuviera hijos.  Ahora que me pongo a pensar el hecho de que estuve jugando con Legos hasta mis 18 años, explica muchas cosas como por qué me gustan los hombres calvos en la televisión, pero lo hombres con pelo chino en la vida real; por qué le pongo limón a absolutamente todo y por qué cuando hago cualquier tipo de cálculo matemático me gusta usar la regla de 3… o bueno tal vez no hay ninguna correlación directa, esto lo tengo que seguir trabajando con mi psicoanalista

El caso es que a sus 3 años de edad Max le saqué mi famosa caja de Legos y le expliqué que eran los Legos de mamá pero que yo se los prestaba. Y creo que mi error fue darle acceso a tantos legos en tan poco tiempo. Creo que debía de haberlo hecho de poquitos en poquitos.  Es como si le a un niño le das una bolsa de M&M´s tamaño Costco y le dices que le tienen que durar todo el año. Lo único que va a pasar es que se va a comer todos los M&M´s de jalón y le va a dar una diarrea explosiva. Y exactamente eso fue lo que pasó con los Legos. Mi casa parecía como si alguien hubiera tenido diarrea explosiva en forma de los cuadritos plásticos.

Haberle dado una caja entera de Legos resultó en que mi casa entera fuera un campo minado de estos dolorosos juguetes. Μis pies hecho trizas cada vez que pisaba un Lego, lo que resultó en que Max aprendiera a repetir después de cada uno de mis encuentros con estos cuadritos del infierno finas palabras como “Putísima Madre”, “ Chingada Madre” y “Mierda de Caca de Verga… Madre” (al parecer todas nuestra grosería acaban en Madre).

 

Imagen actual de Yo pisando un Lego

 

Y cada vez que le pedía a Max que recogiera sus Legos, obviamente recogía 2 Legos y el resto se quedaban por toda la casa, en versión stealth esperando a ver a su enemigo, mi descalzo pie, para lanzarse cual Niño Héroe gritando “ sin sacrificio no hay victoria” y verme caer cual Godzilla atacado por el último arsenal nuclear…y no, no estoy exagerando, le pueden preguntar a cualquier papá que estúpidamente le compró Legos a sus hijos. Es de esas decisiones tontas de papás que parecen una gran idea cuando las compras para tus hijos y luego te arrepientes porque nunca vislumbraste la repercusiones que iban a tener en ti: Legos, un set completo de batería con todo y platillos, plástilina y el CD de canciones de la Gallina Pintadita para el coche. Todo es divertido hasta que papá y mamá se quieren ahorcar.

El caso es que un día que no quiso recoger sus legos yo ya estaba hasta la ma…ndarina. Amenacé con tirarle los legos a la basura, a lo que él contesto sin ni siquiera verme a los ojos “Mariana cuenta a 4, Marina cuenta a 4,4,4… Ana viva Mariana”. Sin titubear y con una actuación digna al Óscar a mejor villana de película infantil, tomé mi escoba y mi recogedor y barrí todos los Legos y actué como si los tirara a la basura. Así no mas, el me miró de contraojo y ni reaccionó. Para él era, tan fácil como pensar que yo estaba recogiendo los Legos. Le dije “ Se los va a llevar el Señor de la Basura” y él me contestó – muy inteligentemente- “ Qué tontina mami que tira SUS Legos a la basura”. Y así nada más la caja de legos se fue a la bodega por unos meses.

Pasó tiempo y Max estuvo enfermo varios días y yo obviamente un poco harta de no tener como entretenerlo-  ya hasta la Gallina Pintadita había pasado de moda. Finalmente, pensé que los Legos serían una gran manera de mantenerlo ocupado, pero no podía regresárselos así no más. Que tipo de persona sería yo. Tiene que haber un pacto. Le recordé de lo padre que era jugar con los Legos, para que se pusiera nostálgico de que ya no los tenía. Como se había portado bastante bien esos días, le dije que le íbamos a hablar al señor de la basura, para ver si se los podía regresar. Obviamente, necesitábamos a otro actor y mi amigo Santi, aceptó hacerla de el Señor de la Basura en la llamada telefónica. Cabe mencionar que mi amigo Santi es abogado y con lo buena onda que es, no duda que haya tenido está llamada imitando al Señor de la Basura en plena audiencia. Me hubiera gustado estar del otro lado de la línea para verlo. “Objeción Señoría, tengo que tomar esta llamada por que soy el Señor de la Basura” a lo que el juez ha de haber dicho “Por favor, adelante, es más importante que Max recoja sus Legos a el decidir si su cliente es culpable o inocente”. Ok tal vez, nada de esto pasó, pero veo muchas series de abogados y me gustaría creer que sí.

Max habló por teléfono con él  y guiado por mis palabras le prometió que iba a recoger sus Legos, además de que iba a comer verduras, cuidar a su hermano, dormirse temprano, lavarse los dientes, y hacerle masaje a su mamá todas las noches- digo, ya si estamos haciendo toda esta producción hay que aprovechar.

Llegó el día de la visita del señor de la basura y Max estaba muy emocionado. Hasta se vistió con su mejores trapos para recibirlo. Claro, yo como mamá tuve que cazar al camión de la basura unas cuadras antes, entregarle la caja de Legos, darle una propina y pedirle que cuando llegué a mi casa, se las entregara a Max, recordándole de todo lo que le había prometido por teléfono.

Y tal cual, así pasó, desde que escuchó la campana del camión de la basura, cual perro de Pavlov, Max no dejaba de gritar de la emoción. Hasta fue por una manzana para regalársela en agradecimiento que le trajera sus Legos.

Feliz con el rencuentro con su vieja amiga la caja de Legos se fue a su cuarto a jugar toda la tarde, y obvio cuando acabó los guardo! – Suena la canción de “We are the Champions” en el fondo. 

Por días a quién se encontraba le contaba sobre el Señor de la Basura – como era un hombre justo y misericordioso que sabía perdonar y recompensar el buen comportamiento (bueno esas son mi palabras) – Max sólo decía que el Señor de la Basura era Santa Claus.

 

 

En fin, no se si lo que hice fue bueno y malo, ya que pues básicamente usé mentiras para generar una lección de vida, pero me parece que en la infancia usamos muchas mentiras blancas para no sólo aprovechar de el peso amenazador de un buen comportamiento en nuestros niños – Si no te portas bien le voy a mandar un Whatsapp a Santa (porque Santa ya es Millenial), pero también  generar emoción  y dejar que fluya su imaginación en épocas festivas.

Ahora les presento con gusto al Mágico Señor de la Basura, que además de ayudar a que los niños se porten bien, tiene la ventaja que no está ligado a ninguna festividad, así que puedes usarlo cualquier época del año. Sólo que úsese con moderación, ya que cada vez que lo van a invocar se requiere de una gran producción y tener un Señor de la Basura buena onda que se preste para estas cosas. Así que ya saben si necesitan al Señor de la Basura, avísenme y les paso su contacto. ; )

P.D. Un efecto secundario de usar al Señor de la Basura, es que tu hijo siempre va a estar vaciando y esculcando los botes de basura para ver si de casualidad el Señor de la Basura no olvidó un juguete por ahí. Esto es súper cute hasta que decide abrir el bote de los pañales.

 

 

 


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